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Por Jason Gay.

Quiero que todos sepan que he renunciado a las redes sociales de una buena vez por todas, y mi vida ha mejorado mucho. Tal vez usted esté pensando en hacer lo mismo. No puedo recomendarlo lo suficiente. Quiero decir, solo han pasado 15 minutos, pero ya puedo decir que soy una persona diferente.

Hace quince minutos dejé de usar Facebook, Instagram y Twitter. En unos cuantos segundos noté que soy más feliz, menos irritable, más contemplativo y equilibrado. Además soy más amable con los vecinos y las mascotas. Estoy dedicando más tiempo a las actividades que realmente importan.

Apenas en los últimos dos minutos, saludé a mis hijos, miré por una ventana, comí un pimiento crudo, vi un libro de mi estantería y reflexioné brevemente al abrirlo.

Realmente estoy cambiando. Esto va a parecerle loco, pero desde que dejé las redes sociales, ahora, veamos, hace 16 minutos, todos mis sentidos han mejorado. Mi vista es más clara. La comida sabe mejor, ese pimiento estaba suculento. Acabo de oler los primeros tulipanes de primavera. O tal vez es el nuevo detergente para la ropa en mi camiseta. De cualquier manera, huele genial.

Tengo mucho más tiempo. Estoy conmovido por el estallido de energía. Cada mañana voy a meditar, o al menos me acuesto en mi cama y considero meditar. Voy a tejer mientras aprendo ruso conversacional. Voy a escuchar mi correo de voz. No he escuchado un correo de voz completo en seis años.

¿Para qué sirve las redes sociales? Los académicos nos dicen que éstas nos están volviendo miserables: las actualizaciones constantes de amigos durante sus costosas vacaciones y diatribas paranoicas en contra y a favor del político en boga.

Si lo piensa bien, se suponía que internet era solo para una cosa: fincar un pedido de calcetines en Amazon.

Luego la gente comenzó a publicar fotografías de sus perros con disfraces de Halloween, y todos comenzamos a enviarles felicitaciones de cumpleaños a nuestros compañeros de clase de los que habíamos perdido contacto desde el quinto grado, y todo se fue al diablo.

Las redes sociales arruinan a los seres humanos perfectamente buenos. Hay personas que amo en la vida real y que odio en las redes sociales.

Nada de eso es saludable. ¿Sabes qué es más saludable que las redes sociales? Fumar. Fumar cigarrillos naturales, deliciosos.

Lo peor de todo es que las redes sociales sofocan la creatividad. Hay quienes han estudiado esto en ratas, ya sabes. Los científicos hicieron que las ratas dejaran de usar Facebook, y cuando ellos regresaron a verlas pocas horas después, todas las ratas estaban escribiendo sus primeras novelas y éstas eran realmente buenas.

Han pasado ya 17 minutos. Tengo la sensación de que mi abandono de las redes sociales está teniendo un efecto físico. Apuesto que cuando salga por la puerta, mis amigos van a notar la diferencia. Se preguntarán si me corté el pelo. O si me inscribí a un nuevo gimnasio. O si hice mi trabajo. Todo lo que hice fue dejar de mirar mi celular 900 veces al día.

Les contaré el secreto. Renuncien a las redes sociales y todos los problemas molestos de sus vidas habrán terminado. Tus relaciones mejorarán. Nunca te sentirás abatido. Nunca te quedarás atascado en el tráfico. Todos los restaurantes tendrán una mesa sin ocupar.

¿Qué si las echo de menos? Gracias por preguntar. No echo de menos las redes sociales, para decirles la verdad. No tengo idea de por qué pensé que era tan importantes. 

No quiero saber qué piensa mi compañero de escuela secundaria sobre Beto O’Rourke o los miembros de la línea de producción en la fábrica de queso. No necesito ver la foto 800 del viaje a Malta de mi compañero de trabajo.

No tengo ni idea de en qué momento está enojado Trump en Twitter. Y eso me parece bien.

No puedo imaginar volver a las redes. He renunciado a las redes sociales. Solo han pasado 18 minutos, pero estoy muy seguro de que voy a lograr un total de veinte minutos sin ellas.

Traducido por  Luis Felipe Cedillo

Editado por Michelle del Campo            

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